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Prepárense para lo peor

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 Foto: Mexsport

Si bien en el Estadio Azteca nació el mote de ‘La Máquina’, lo cierto es que ahí también nació la loza más ‘fina’ dentro de la historia moderna de los hoy dirigidos por Pedro Caixinha: la ‘cruz azuleada’

Sí, para lo peor, esa es la mejor forma de sobrevivir a lo que es ser de Cruz Azul. Para fortuna, o desgracia, soy aficionada celeste, pero desde hace muchos años dejé de ilusionarme con que ‘este es el bueno’.

Para el aficionado cada torneo significa la oportunidad de apretar el botón de reset y hacer de cuenta que nada ha pasado, que con el semestre se abre la opción de ser campeón pero, ¿realmente qué bases tiene Cruz Azul para pensar que este 2018 se coronará? Poquísimas.

Cambiarse al Estadio Azteca significa pisar cada quince días la cancha donde probablemente rubricó uno de los capítulos más oscuros de su historia, no me los imagino cerrando una liguilla ‘en casa’. ‘Casa’, entre comillas, porque jugar en la cancha que vio a Moisés Muñoz clavarles un gol en el agregado representa una de las humillaciones más dolorosas para cualquier equipo que se jacte de ser ‘grande’, La Máquina juega de arrimada en ese inmueble, no es su estadio, y no parece tener prisa por tener casa propia. Es esa alma gitana una de las razones por las cuales la tribuna celeste se ha enfriado con el paso de los años. Ni de aquí ni de allá.

Si bien en el Estadio Azteca nació el mote de ‘La Máquina’, lo cierto es que ahí también nació la loza más ‘fina’ dentro de la historia moderna de los hoy dirigidos por Pedro Caixinha: la ‘cruz azuleada’. ¿Cómo apelar al orgullo dentro de una cancha donde lo perdiste absolutamente todo? Tarea difícil, sin duda.

Este sábado volvieron al Azteca tras 22 años, y lo hicieron de gran manera, (no faltarán los que digan “ya se nota la mano de Peláez”) un triunfo de 3-0 ante Puebla enciende las velitas para algunos aficionados, otros soñarán, y unos cuantos permaneceremos agnósticos hasta no alzar el título. Yo de Cruz Azul ya me espero siempre lo peor, partiendo de ahí lo que venga es hacia arriba, pero la mira está puesta en esa obsesión infinita.

No caben las celebraciones por clasificar a la liguilla, que es una obligación para un equipo que prácticamente nunca me ha dado una alegría franca y duradera, al contrario, muchos días de frustración y lágrimas que con el pasar de los años maduré hasta la comprensión de lo nuestro; para mí el equipo ya es como un exnovio: lo voy a querer siempre y siempre voy a desear que le vaya bien. No me engaño, las cosas difícilmente van a componerse y cada quien debe seguir su camino sin amargarse la existencia. Así es mi relación con el Cruz Azul; lo quiero bien, pero de lejitos.

@Mafersar

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